
Cuando los españoles llegaron a estas tierras, la zona estaba habitada hacía cientos de años, por el pueblo Querandí. Fueron bien recibidos por ellos, pero luego quisieron someterlos y los bravos querandíes resistieron durante la primera fundación de Buenos Aires, dando lucha a la expedición de 300 soldados de Pedro de Mendoza, incluso dieron muerte al mismo hermano del conquistador. La matanza de la fauna cimarrón prosiguió con la persecución a muerte de nativos en la segunda fundación de Buenos Aires. Juan de Garay fue resistido heroicamente por el valiente cacique Querandí Telomían Condie. La brutal matanza de indígenas tiñó de rojo el río y nutrió nuestro suelo de sangre desde los comienzos de su historia y dan razón al acta administrativa de 1603 que bautiza Matanzas a nuestras tierras que, por entonces, eran un paraje extenso y despoblado.
Prontamente las primeras estancias aparecieron, los malones, la peonada, las pulperías. La Estancia San Martín en el Km 40,200 de la ruta N°3, propiedad de Juan Manuel de Rosas también supo ser símbolo de la resistencia al bloqueo francés del Puerto de Buenos Aires, continuando la tradición de lucha de estas tierras.
Luego el abrazo a los inmigrantes de una Europa empobrecida primero y destruida por la guerra después, comenzó a urbanizar las primeras localidades del distrito, aportando sus aprendizajes de lucha organizada.
Con el auge del peronismo y la llegada de las transformaciones sociales y económicas, una historia de efervescencia popular matancera, fue acompañando el ritmo de la industrialización y la migración interna del norte grande argentino fue configurando el surgimiento de barrios populares en el distrito.
Con toda la fuerza de la tradición de lucha popular que nutrió de sangre el suelo de este trozo de la pampa, la comunidad matancera rápidamente aprendió a resistir las políticas antipopulares que pregonaban los verdugos del pueblo y tras el derrocamiento de Perón, La Matanza se convirtió en el símbolo de la resistencia peronista aportando grande cuadros y militantes a la misma. Tan solo por nombrar a algunos, podemos recordar a José Mario “tito” Bevilacqua, Alberto Brito Lima y Federico Pedro Russo.
La resistencia peronista matancera que espontáneamente se había activado en forma de barricadas y puebladas, con los años tomo formas más organizadas de lucha, hasta que se expresaron en columnas militantes que cruzaron el cauce del rio Matanza para ir a recibir a Perón a Ezeiza y consumar un triunfo popular tras largos años de proscripción.
Pero, todos conocemos la historia, la primavera duró poco, y una vez más el neoliberalismo con el brazo instrumental de las fuerzas armadas, desató el terrorismo de Estado, reprimieron y asesinando brutalmente a la población. Numerosos son los mártires peronistas de La Matanza que han dado la vida por la causa del pueblo.
Esa sangre derramada junto con la de los héroes de Malvinas dio lugar a una nueva democracia. En la que nuevamente las políticas neoliberales de ajuste, desindustrialización y endeudamiento volvieron primero de la mano de la socialdemocracia alfonsinista y luego de la traición al peronismo del menemismo aliado a los liberales de la UceDe. Aquella pobreza de la desindustrialización de la dictadura, se fue convirtiendo en marginalidad y en enclaves de hambre y miseria.
Nuestros vecinos sufrieron todo ello y se organizaron solidariamente para sobrevivir durante el desamparo de un Estado ausente. La militancia peronista de La Matanza resistió al saqueo menemista. Luego resistió a la continuidad de la convertibilidad dolarizadora de DE La Rúa, resistiendo con los primeros cortes de ruta 3, en oposición a los nuevos ajustes de la alianza y el endeudamiento del blindaje con el FMI. Luego cuando el neoliberalismo estalló en mil pedazos durante el 2001, nuestros militantes y nuestras barriadas salieron a la calle, para organizar ollas populares. El fin de la era neoliberal se construyó con los cimientos de esa lucha.
La llegada al poder de Néstor Kirchner interpretó las demandas de nuestro pueblo y se puso a la cabeza de la transformación social. En uno de sus primeros actos políticos vino a La Matanza, corazón del peronismo, a abrazar a otro gran compañero de la lucha peronista, nuestro intendente Alberto Balestrini, reconociendo de esa manera los años de resistencia que La Matanza dio contra los enemigos del pueblo.
Pero tras una década ganada, llegó una nueva noche neoliberal de la mano del macrismo. Entonces la Matanza fue nuevamente una capital de la resistencia al ajuste del tándem Macri-Vidal. Con Verónica Magario y Fernando Espinoza, La Matanza fue una trinchera de lucha de todo el peronismo nacional en contra de los tarifazos de Vidal y de Macri, aportando mucho esfuerzo militante para que en el 2019 el triunfo vuelva a ser del pueblo.
Hoy, vivimos una situación de más complicada apremiados por la estela maldita del endeudamiento con el FMI que dejó Macri, las secuelas económicas de una pandemia terrible, una guerra que transformó el mundo y una sequía que perjudicó sucesivamente la posibilidad de iniciar las transformaciones que la sociedad reclama.
Ante estas dificultades, los mismos neoliberales que en el pasado nos dejaron en la calle y sin ayuda alguna, quieren volver prometiendo dolarización, amenazando con ajuste, represión y más endeudamiento. Nuevamente la militancia peronista de La Matanza se pone de pie para frenar las intenciones antitpopulares de esta oposición neoliberal y contribuir al triunfo del campo nacional y popular por el bien de la patria, por la independencia económica, la soberanía política y la justicia social.