Paz, Pan y Trabajo: Paro General del 30-03-1982

El 30 de marzo de 1982 se inscribe en la historia como una página de gloria para el movimiento obrero organizado. 

Hace 41 años la CGT Brasil dirigida por el dirigente cervecero Saul Ubaldini asestaba un duro golpe al gobierno de facto en manos de Galtieri, convocando al “pueblo de la Patria” a concentrarse a las 17 horas en Plaza de Mayo para “decir basta a este proceso que ha logrado hambrear al pueblo sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”.

Bajo las consignas “Pan, Paz y Trabajo” y “Luche y se van” se organizaba una marcha encabezada por el querido Cro. Saúl Ubaldini que se replicó en todo el país, donde trabajadores y trabajadoras fueron protagonistas excluyentes de esa épica jornada que significó el preludio de los acontecimientos que posibilitaran la vuelta a la democracia.

La CGT estaba partida en dos tendencias: la CGT Azopardo (ex Comisión de Gestión y Trabajo), liderada por Jorge Triaca y la CGT Brasil (ex Comisión de los 25 gremios peronistas) que encabezaba Saúl Ubaldini. 

Un grito desesperado cruzaba la nación en repudio a la política economía de hambre y miseria de la dictadura. Tres años antes de esta histórica gesta obrera, la agrupación “Comisión de los 25 gremios peronistas”, luego CGT Brasil, le realizaba el primer paro general a Videla que, a pesar del acatamiento dispar de los trabajadores, tuvo una importancia superlativa al poner un mojón de lucha obrera frente a tanta ignominia. 

Sus organizadores fueron los dirigentes sindicales Saul Ubaldini (cerveceros), Roberto Digón (Tabaco), Ricardo Pérez (Camioneros), Roberto García (Taxistas) y Osvaldo Borda (Caucho), quedaron detenidos de inmediato, sin embargo, eso no bastó para desanimarlos. 

El descontento social se transformó en una olla a presión que desembocó en la convocatoria al paro nacional con movilización de la CGT Brasil del Cro. Saul Ubaldini para el 30 de marzo de 1982 que representará la mayor muestra de resistencia realizada a la dictadura genocida.

Se contabilizaron más de cincuenta mil jóvenes y trabajadores los que coparon la Plaza deMayo, convirtiendo ese día en una verdadera huelga política de masas que iba a preanunciar el desmoronamiento del nefasto Proceso de Reorganización Nacional que había teñido de muerte y desolación nuestra Patria.

Las contradicciones internas de los militares genocidas sumadas a las penurias de una crisis económica terminal, fueron los detonantes para que la paciencia de amplios sectores de la población se acabara y confluyeran en un solo grito a Plaza de Mayo. 

La dictadura había puesto el ojo sobre los seis dirigentes sindicales, entre ellos Saúl Ubaldini, recordando que se encontraban procesados por haber declarado otras huelgas generales y la iban a pasar muy mal si reincidían. Esas amenazas no amilanaron a nuestros dirigentes sindicales, muy por el contrario, le imprimieron coraje a sus voluntades.

Empleados y funcionarios que trabajaban en la zona céntrica de Buenos Aires, en comunión solidaria con los manifestantes, arrojaban todo tipo de proyectiles desde balcones y ventanas contra los elementos de represión, en una demostración de hartazgo sin precedentes.

Los trabajadores se organizaban y encolumnaban detrás de sus dirigentes en Avenida de Mayo y 9 de Julio, pugnaban por llegar a la Casa Rosada y entregar un documento a las autoridades de facto, mientras las columnas avanzaban coreando de manera firme y determinada: “Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar” y “El Pueblo unido jamás será vencido”. 

Durante seis horas el centro porteño fue escenario y testigo de enfrentamientos entre los trabajadores y la policía.

También, el interior del país fue protagonista aquel día, la lucha se había extendido a Mendoza, donde la represión terminó con la vida de un trabajador y sindicalista, José Benedicto Ortiz, dirigente de los cementeros e integrante de la CGT Regional; en Rosario, dos mil trabajadores recorrieron el centro de la ciudad con consignas contra la dictadura; en Mar del Plata y San Miguel de Tucumán detuvieron a doscientas personas por repudiar la dictadura; en Córdoba, el Tercer Cuerpo de Ejército patrulló las calles con columnas de hasta siete vehículos militares por temor a la movilización de los trabajadores. 

Entre los detenidos, se encontraron el secretario General de la CGT Brasil, Saúl Ubaldini, y cinco integrantes de la Comisión directiva; el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y un grupo de Madres de Plaza de Mayo. 

Dignos de admiración, estos dirigentes sindicales empujados por las masas obreras y con un compromiso a toda prueba, daban una muestra de coraje pocas veces vista, o quizás, solamente comparable con la voluntad inclaudicable de nuestros mártires peronistas que regaron con su sangre la defensa de los derechos de los trabajadores.