
El atentado en Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953
El 15 de abril de 1953 la CGT convocaba a una movilización en Plaza de mayo en apoyo a Perón que enfrentaba a algunos sectores de las Fuerzas Armadas, la Iglesia y sectores opositores “gorilas” de variado pelaje ideológico que conspiraban, para desestabilizar al gobierno peronista.
Un grupo comando antiperonista conformado por los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, miembros de una familia vinculada a la oligarquía ganadera, los militantes radicales Roque Carranza, Artur Mathov, el militante del Partido Demócrata Progresista, Carlos Alberto Gonzalez Dogliotti, apoyados por el capitán Eduardo Thölke, quien les proveyó los explosivos, Miguel Angel de la Serna y Rafael Douek, entre otros gorilas recalcitrantes, habían preparado para la ocasión la instalación de tres bombas dispuestas de manera estratégica en puntos críticos en las inmediaciones a la Plaza de Mayo para generar el mayor daño posible a la manifestación.
Se trataba de un grupo de jóvenes, activistas habituales de la FUBA, pertenecientes a familias tradicionales de buena posición económica, diestros en el manejo de armamentos y explosivos, que habían intentado sin suerte, asesinar a Perón en uno de sus viajes.
Este grupo terrorista había instalado tres artefactos explosivos para la ocasión, uno en la estación de subte “línea A” de Plaza de Mayo, otro en la confitería del Hotel Mayo y un tercero en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, para hacerlos estallar en forma sincronizada, cuando la histórica Plaza estuviera colmada de manifestantes.
Perón daba su discurso y hacia un llamado a la participación popular para doblegar el flagelo inflacionario diciendo: “He repetido hasta el cansancio que en esta etapa de la economía argentina es indispensable que establezcamos un control de los precios, no sólo por el gobierno y los inspectores, sino por cada uno de los que compran, que es el mejor inspector que defiende su bolsillo. Y para los comerciantes que quieren precios libres, he explicado hasta el cansancio que tal libertad de precios por el momento no puede establecerse.”
Cuando Perón concluye esta frase se escucha el primer estallido de una de las bombas instalada en la confitería del Hotel Mayo, tras lo cual interrumpe su alocución: “Compañeros, éstos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba.”
Pocos minutos transcurrieron hasta que se escuchó la segunda explosión, esta vez más fuerte y cerca de la Casa Rosada en la estación del subte Plaza de Mayo de la línea A, que en ese momento estaba cerrada debido a la multitudinaria convocatoria. La tercera bomba no explotó por fallas en el mecanismo de relojería. En total dejaron el triste saldo de seis muertos (Santa Festigiata D’ Amico, Mario Pérez, León David Roumeaux, Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Cuota) y más de 90 personas con heridas de consideración, entre ellas 19 terminaron mutiladas.
En aquella jornada el Pueblo dio muestras acabadas de amor y coraje en defensa de su Líder, cuando inconmovible en la histórica plaza gritaba con bronca reivindicativa ¡La vida por Perón, la vida por Perón!
La derecha argentina nunca fue democrática y siempre estuvo dispuesta a utilizar cualquier camino autoritario para lograr acallar al pueblo peronista y consolidar una patria al servicio de sus intereses. Hoy vuelven a la carga intentando proscribir a nuestra conductora Cristina Fernández de Kirchner, siendo responsable del delito más agraviante que puede existir para la derecha oligárquica, la defensa de los intereses del pueblo trabajador.
Aquellas bombas son igual de antidemocráticas que la extorsión mafiosa que llevan adelante sectores del poder judicial en convivencia con el poder económico. Por ello desde el partido justicialista de la Matanza decimos: ¡Sin Cristina no hay democracia! ¡Sin Peronismo, no hay justicia social!