5 años del mega-endeudamiento de Macri y JxC con el FMI

Endeudarse no es necesariamente algo malo. Un crédito no es más que un contrato de mutuo. De manera que endeudarse tomando un crédito puede ser una forma de acceder a los recursos necesarios para realizar proyectos de envergadura que abreven en crecimiento, propsperidad y bienestar futuro. Pero éste no ha sido el caso en ningún momento de la larga e intensa relación de Argentina con el FMI.

El FMI es un organismo internacional que surgió, al calor del mismo fuego que forjó el nuevo orden mundial de posguerra, como un garante de la estabilidad global en una economía cada vez más financiarizada. El objetivo del organismo era ejercer una función anticíclica en tiempos de crisis siendo garante de estabilidad del sistema al servir como prestamista de última instancia de los agentes en riesgo.


Pero su función bancaria no es ideológicamente aséptica. A medida que Estados Unidos iba consumando su hegemonía, consolidaba la globalización liberal de la economía y las finanzas bajo el signo del dólar. Estos organismos internacionales como el FMI no son bancas solidarias sino que responden a intereses geoestratégicos que suelen ser contradictorios a los intereses nacionales de una economía emergente como Argentina.

En particular en nuestro caso, cabe tener en cuenta que EEUU ha estado históricamente interesado en obstaculizar el desarrollo de una economía suplementaria como la Argentina, que podría liderar el desarrollo de una región rica en recursos que la industria del Norte requiere. El FMI no es más que un brazo financiero del poder hegemonico de ese pulpo global.

Perón rápidamente advirtió esto desde el mismo nacimiento del organismo. Y por ello prometió cortarse las manos antes de tomar deuda de ese tipo. Hizo falta derrocar a Perón para poder ingresar al país en el FMI para luego tomar el primer endeudamiento en 1958. Las sucesivas dictaduras aumentaron el stock de deuda y con ello la dependencia de nuestra economia. La dependencia es la herramienta fundamental de que disponen las potencias para trabar el desarrollo de países periféricos como el nuestro. De manera que el desarrollo sólo lo pondremos obtener cuando nos liberemos del peso de la dependencia.

La democracia recuperada lejos de resolver el problema lo empeoró. El paradigma neoliberal que cubrió los primeros años del retorno democrático -desde la socialdemocracia Alfonsinista hasta el neoliberalismo de Menem y de la Alianza- agravó la crisis de deuda que derivó en una profunda crisis social que estalló políticamente en 2001.

El gobierno de Néstor Kirchner abrió una nueva era desendeudamiento, al pagar el saldo de deuda al FMI se pudo instrumentar una política soberana que redundó en el fuerte crecimiento económico de la década ganada. La política de desendeudamiento fue continuada por Cristina Kirchner a tal punto que, al momento de recibir el poder Macri -tal como lo reconoció el ministro macrista Dujovne- los niveles de endeudamiento del pais eran ínfimos (en ralación deuda/PBI), las familias y las empresas argentinas tambien tenían bajos niveles de endeudamiento.

Esto le permitió al gobierno macrista de JxC instrumentar una política de ajuste, de fuerte transferencia de la riqueza de los sectores bajos hacia la cima de la piramide social y poner en funcionamiento un modelo económico basado en la especulación financiera, la timba, las tasas de interes altas, lebacs, la bicicleta financiera y la fuga de capitales. Un negocio de pocos en detrimento de las cuentas nacionales. Para mantener en funcionamiento la macroeconomía nacional con estos lastres, debieron endeudar al pais, con el prestámo más grande y más espurio en la historia del FMI.

57 mil millones de dólares. De los cuales no quedaron ni rastros. No se puso en marcha ninguna obra de envergadura, ni se instrumentó ninguna política de desarrollo. Cada dolar prestado fue devorado por el barril sin fondo de un modelo especulativo enclenque, por gastos corrientes mal gestionados, por la fiesta de la especulación financiera y por las comisiones de algunos vivos.

Como hemos dicho, aquí no hay asepcia ideológica, el FMI hace valer su rol de acreedor con fines políticos y hace sentir el rigor de la dependencia imponiendo condicimientos y recetas de ajuste y hambre que no solo traban el desarrollo de nuestras fuerzas productivas, sino que además causan un enorme dolor social, secan nuestras cuentas nacionales para que -sin recursos disponibles- nos veamos obligados a liquidar nuestras nuestras riquezas nacionales.

Por eso es importante comprender la dimensión real de la deuda con el FMI. Es preciso tener un gobierno que negocie desde una perspectiva soberana formas de pago con el menor condicimiento posible, que solo paguemos cuando crecemos y que los recursos para el pago de la deuda salgan de aquellos que más tienen y no del pueblo trabajador.
Con estas premisas debemos renegociar para empezar a pagar con un plan de crecimiento y prontamente liberarnos del lastre de esta deuda, que no es sino una herramienta de dependencia que traba nuestro desarrollo, para que unos pocos vivos -de adentro y de afuera- conserven sus privilegios en la expoliación de neustros recursos y el remate de nuestras riquezas.