El 23 de mayo de 1947 se funda el Partido Peronista, fruto de la consolidación de distintas fuerzas políticas que apoyaron la primera candidatura del Gral. Perón.

El movimiento popular legitimado por mandato de las urnas, debía transformarse en un instrumento para encarar las reformas sociales, económicas y políticas que la Patria necesitaba. Por ello,  el General Juan Domingo Perón toma la decisión de amalgamar en una sola fuerza política a aquellos partidos dispersos y fundar el Partido Peronista, bajo las mismas banderas, consignas y doctrina que hoy nos movilizan.

Fue así que se pasó a una etapa de “consistencia racional orgánica” a través de una doctrina que fijaba la posición, las ilusiones y los objetivos a alcanzar.

Con ese objetivo en mente, el Gral. Perón consideró imperioso, no solo organizar la fuerza política, sino también, crear un “verdadero partido inteligente, idealista y con profundo sentido humanista”.

Una reforma política basada en una serie de principios morales y una doctrina que fuera el alma o el espíritu del organismo, sin los cuales –decía Perón, la política se vuelve un arma contraria al país”, porque “un organismo que no posea espíritu o alma, será un cadáver, grande o chico, pero cadáver al fin.”

El Justicialismo nació a la vida nacional como doctrina política que le daba “consistencia racional orgánica” al movimiento peronista e iba a poner remedio al daño que había provocado el sectarismo de las distintas fuerzas que llevaron a Perón al poder.

Poco tiempo después, bajo la conducción del Gral. Perón, el Pueblo fue testigo de una época gloriosa que haría realidad sueños largamente postergados para las mayorías populares: los derechos sociales, la industrialización del país y las grandes obras públicas que, al día de hoy, resisten el paso de los años.

Después vendría la Revolución “fusiladora” Libertadora, con su saldo de muerte, persecución y proscripción, el exilio del General Perón, el decreto ley 4161 de 1956 que prohibía la sola mención de cualquier expresión de afirmación o simbología peronista, mas dictaduras militares, la vuelta del Gral. Perón y su tercer mandato en la máxima magistratura del país, y luego la larga noche de la dictadura genocida 1976-1983 que sembró de tortura, muerte y desaparición de miles de compañeros, entre otras tantas aberraciones que padecieron las mujeres y los hombres de nuestro Movimiento.

Pese a todo, el Peronismo y los peronistas siempre supimos hacer frente a las adversidades que nos planteó el devenir histórico, demostrando capacidad de resiliencia y lucha inclaudicable por hacer realidad las tres banderas históricas de nuestro histórico Movimiento.  

En estos días de desolación por la que atraviesan millones de compatriotas, con un gobierno nacional corrupto, cipayo, hambreador y vendepatria; un sistema judicial colonizado que responde a factores de poder locales y extranjeros; una elite de poderosos empresarios que no se preocupan por la decadencia y la miseria  que provocan las políticas económicas que insisten en aplicar como un mantra sagrado, sin olvidar la acción de los mercenarios de la palabra, viejos profetas del odio, que estigmatizan a diario al Peronismo como el mayor peligro a evitar, sin duda, solo habrá futuro para la patria si recuperamos las banderas históricas del peronismo.

No habrá futuro asequible para una sociedad permeable a los “cantos de sirenas” de los cultores de la teología de la prosperidad, ni con personajes de la izquierda trotskista que plantean falsas antinomias entre derechas e izquierdas, sin olvidarnos de los globalistas o progresistas “deconstrutivistas” quienes solo consiguen fragmentar aún más la sociedad, al punto de imposibilitar la realización de la comunidad organizada que lucha por los derechos colectivos.

Por cierto, la importación de ideologías extranjeras impide ver la realidad geopolítica actual, donde la verdadera contradicción real se inscribe entre el Globalismo disolvente y la idea de Estado soberano, nación, comunidad, familia, religión, tradición, valores, autoridad y trabajo organizado, entre otras, cualidades propias de una comunidad histórica y organizada.

Todos estos colectivos fungen como la falsa contracara a las políticas de Javier Milei, porque inhiben el verdadero resurgir de la Patria.

La Comunidad Organizada sigue siendo la respuesta adecuada a los problemas que aquejan a la sociedad argentina, porque nos vuelve hermanos e hijos de este bendito suelo y nos aparta de divisionismos estériles que tantos perjuicios nos han causado. .

Una comunidad organizada dónde “todos seamos artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie.”

Es preciso tener la certeza de un nuevo Renacimiento Argentino, a partir del cual pueda configurarse una reestructuración de la Nación, política, soberana y económicamente libre, donde la labor de conjunto provenga del Movimiento Nacional Justicialista.

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