El 7 de agosto de 1981, desafiando el estado de sitio impuesto por el gobierno de facto, una marcha multitudinaria de más de 10.000 trabajadores militantes liderada por el compañero Saúl Ubaldini, ganaba las calles del barrio de Liniers en el día del patrono del Trabajo, San Cayetano, bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”.

La mesa de los argentinos había sido depredada hasta el hartazgo por un esquema de miseria planificada que había puesto al país de rodillas mediante la letal combinación de liberalización financiera, destrucción del aparato productivo, brutal caída del salario real, creciente desempleo y un colosal endeudamiento externo que significaron el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías populares.

El compañero Saul Ubaldini, había creado la “Comisión de los 25” con la intención de unir varias corrientes sindicales para hacer frente a la dinámica represiva y hambreadora de la dictadura genocida. Lamentablemente, otros compañeros peronistas, como Oscar Smith, secretario general del gremio Luz, no habían tenido la misma fortuna de compartir aquel momento histórico del movimiento obrero organizado, porque la dictadura genocida los había hecho desaparecer impunemente.

Ese frio día de agosto, la policía federal intentó frenar y contener las columnas obreras cuando se encontraban próximas a la cancha de Velez Sarsfield, sin embargo, el esfuerzo de las fuerzas del orden resultó en vano, ya que el coraje y el ímpetu militante de aquellos compañeros consiguió doblegarla con éxito.

Considerada la primera movilización masiva contra la dictadura, significó un acto de resistencia de aquellos valientes compañeros sindicalistas que decidieron, a riesgo de pagar un alto costo por esa osadía, enfrentar la dictadura sin amedrentarse.

En aquella masiva festividad popular y religiosa, la militancia sindical supo trasmutar tanta angustia contenida por la ausencia de compañeras y compañeros que habían puesto el cuero en defensa de las conquistas obreras para convertirla en una jornada de lucha sin precedentes.

De repente, se oyó a viva voz un reclamo de las masas trabajadoras que se convertirá en el grito liberador y esperanzador de todo un pueblo hasta el último día de ese sangriento proceso: “¡Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar!” La suerte de la dictadura estaba echada.

Hoy, a 45 años de aquella movilización histórica, el pueblo argentino vuelve estar acorralado por los mismos verdugos serviles al capital financiero internacional. El plan económico que implementa el gobierno nacional, es una copia actualizada del modelo de la dictadura y somete a la población al desempleo, la pobreza y la marginalidad. En la actualidad, el modelo de Caputo y Milei, tiene un agravante sustancial: el encarecimiento de los alimentos. La privación de un plato de comida a millones de familias argentinas, es la consecuencia más desgarradora, de una economía deshumanizada y que solo queda al servicio de la especulación financiera.

«Apoyar una desregulación planetaria utilitarista y neoliberal significa imponer la ley del más fuerte como única regla, y es una ley que deshumaniza», Papa Francisco.

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