La aparición de Juan Domingo Perón en la vida política argentina fue absolutamente disruptiva del orden social existente hasta el momento, a tal punto, que generó clivajes en prácticamente todos los aspectos de la vida social y cultural del país.  

Las importantes transformaciones de la matriz productiva de la sociedad, fueron el motor de arranque para lograr una importante etapa de ascenso social sin precedente, que, junto con las transformaciones en la participación política, la sindicalización masiva de los trabajadores y los aspectos socioculturales, impulsaron el surgimiento del movimiento político más importante de la historia contemporánea argentina, el Peronismo.

A medida que el peronismo emergía y crecía, cuestionaba todo lo que encontraba a su paso, llegando a los cimientos sobre los que se construía el sentido común, la sociedad argentina ya nunca sería la misma. El peronismo venía a cuestionar las entrañas de una sociedad que había nacido al calor de los intereses de una oligarquía terrateniente sin sentido de pertenencia nacional, ni mucho menos, compromiso con el desarrollo y la ayuda a los desposeídos. La soberanía política era entregada completamente a intereses extranjeros.  Al país lo concebían más bien, como un local de alquiler para llevar adelante sus negocios sin que nadie se interponga en ellos. Se escudaban en principios políticos del liberalismo mal interpretados y transformados en un libreto meramente económico para la defensa de los negociados particulares.

En este contexto, el peronismo surgía y aglutinaba voluntades al mismo ritmo que echaba luz sobre las necesidades de un pueblo que se encontraba en el olvido, dándole una sentencia de muerte a la sociedad oligárquica que lo había excluido sistemáticamente como una forma propia de la organización social que pregonaba su dirigencia. Así, la década del 40 fue testigo del emergente de un nuevo actor social y político que se constituía en la clase trabajadora. Paralelamente, Perón se transformaba en el conductor de ese nuevo “emergente social” y el peronismo, en el movimiento que sintetizaría la expresión heterogénea de ese nuevo emergente levantando la bandera de la justicia social y la soberanía económica, como fin político para dignificar al pueblo y como condición necesaria para el ejercicio de la soberanía política de la nación.

Como en el reino natural, en la vida política de una sociedad nada muere y todo se transforma, la oligarquía daría su batalla por la supervivencia y organizaría su resistencia junto a los sectores que se veían perjudicados por la pérdida de privilegios, que ya habían pasado a considerar derechos adquiridos.  

La gravitación de Perón y del peronismo en la vida política argentina fue tan importante, que actuó como parteaguas en todas las formas de organización de la sociedad civil. Las fuerzas armadas, la iglesia, las asociaciones empresarias y hasta los propios partidos políticos preexistentes, pasaron a organizarse en base a la disyuntiva que generaba el peronismo. Peronismo vs antiperonismo emergía como la dicotomía fundamental para analizar cualquier actor político u organización de la sociedad civil. Dependencia económica vs soberanía política representaban la síntesis perfecta para analizar aquella dicotomía política, ya que no era más que el enfrentamiento entre los sectores que respondían a los intereses de las grandes potencias y el pueblo organizado que bregaba por la independencia económica y la soberanía de la patria.

Las transformaciones llevadas adelante por Perón fueron tan significativas, que, hasta la unidad más elemental de la sociedad, la familia, se reorganizó en base a la disyuntiva que generaba. Familias enteras se constituyeron por cultura en peronistas y otros en antiperonistas pasando sus valores de generación en generación. Otras familias no tuvieron la suerte de la amalgama conceptual y el clivaje social les provocó la división interna. Los enfrentamientos al interior de las familias por las transformaciones que el peronismo generaba, pasaron a ser moneda corriente de las reuniones familiares. Familias con dirigentes a un lado y otro de la grieta, se constituyeron en muestra cabal de la importancia del peronismo en la vida política de la argentina contemporánea.

El impacto de las transformaciones tan importantes de la vida política, económica y social del país que llevó adelante Perón, siguen hasta el día de hoy. La memoria colectiva del pueblo sigue añorando aquellos años como los más hermosos que pudo vivir el pueblo organizado en el movimiento peronista hasta la actualidad. Tan fuerte fue la gravitación de Perón, que, hasta el día de hoy el espectro político, se puede seguir dividiendo en peronistas y antiperonistas e identificar claramente a cada uno con la defensa de intereses contrapuestos, siendo el peronismo el único movimiento que sigue levantando las banderas de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

El paso a la inmortalidad del general Juan Domingo Perón el 1° de julio de 1974 tuvo grandes consecuencias para el movimiento peronista y para el pueblo argentino en su conjunto. La derecha reaccionaria tomó nota del vacío de poder que generó su partida y la incapacidad de los dirigentes peronistas de conducir al movimiento que pasó a caracterizarse por fuertes disputas internas.

La suerte estaba echada, la persecución a grandes dirigentes peronistas comenzaba al poco tiempo de la partida de Perón y luego daría lugar a una dictadura sangrienta que llevaría adelante fuertes reformas económicas contrarias a los intereses del pueblo trabajador, obedeciendo servilmente el mandato de las potencias extranjera y utilizando al terrorismo de Estado como instrumento disciplinador de la memoria colectiva, ¡El pueblo debía olvidar sus pretensiones de una vida mejor!

Tan salvaje dictadura generó una desorganización interna del movimiento peronista que permitió el triunfo radical en 1983, pero la caída para el pueblo continuó en picada y la desorganización del movimiento también. A tal punto, que las internas peronistas de 1988 las ganó un caudillo riojano al grito de “salariazo y revolución productiva”, que luego se transformó en la fiel expresión de la traición a las banderas del movimiento peronista.

Fue recién luego de la profunda crisis del año 2001/2002, y de la mano de los gobiernos peronistas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, que el pueblo puedo iniciar un ciclo virtuoso para recuperar el terreno perdido que duró hasta el año 2015 y se constituyó en el periodo que más se acercó a las transformaciones llevadas adelante por Juan Domingo Perón y donde la soberanía económica volvió a ser un objetivo del gobierno y se concretó explícitamente con la reestructuraciones de deuda y pago al FMI en el año 2006.

Hoy la patria y nuestro gobierno, se encuentran nuevamente sometidos a los intereses del capital especulativo internacional, que regresó a poner de rodillas al país de la mano de un proceso de endeudamiento colosal que llevo adelante el gobierno de Mauricio Macri. Por eso, hoy más que nunca el movimiento peronista debe luchar y militar día a día por obtener una patria liberada política y económicamente, siendo ello la guía de todos los dirigentes del partido que busquen la justicia social y la grandeza de la nación.

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