
Hoy se conmemoran
46 años del asesinato cruel y cobarde del obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli en manos del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por el genocida Mario Benjamin Menéndez. En viaje de retorno a la capital provincial, junto al vicario episcopal, Arturo Pinto, a bordo de una furgoneta regresaban del Chamical, donde hacía unos quince días habían sido secuestrados, torturados y brutalmente asesinados los jóvenes sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. De regreso del Chamical junto a Pinto, luego de haber oficiado la misa del entierro de ambos sacerdotes el 22 de julio, Angelelli traía una valija con profusa documentación que iba a servir para esclarecer esos crímenes.
El 4 de agosto de 1976, apenas dejaron Chamical, comenzó a seguirlos un automóvil Peugeot 404 transitando la ruta 38. A la altura del paraje Punta de los Llanos, la furgoneta dirigida por Angelelli es encerrada por otro auto, provocando que ésta diera varias vueltas antes de que monseñor saliera expulsado. Su acompañante, el vicario episcopal Arturo Pinto, sufrió numerosos golpes y perdió la conciencia, pero salvo su vida. Al llegar la policía provincial al lugar del hecho, el
cuerpo de monseñor Angelelli, sin vida, se encontraba extrañamente dispuesto sobre la tierra.
Resultaba más que
clara la intención de la dictadura genocida de eliminar a Angelelli, debido al predicamento que no solo tenía en la grey católica sino también, en sectores castigados de la población riojana. Cordobés de nacimiento, ordenado sacerdote a los 26 años y once años más tarde, obispo. En 1968 le fue asignada la diócesis de La Rioja, desde donde desarrolló su apuesta por los votos sociales del Concilio Vaticano II. De estilo campechano, forjaba con calidad de artesano,
una estrecha relación con el pueblo empobrecido de aquella provincia. Se lo veía estimular y apoyar convincentemente, la organización de las empleadas domésticas, pero también de los trabajadores mineros y agrícolas.Esto no pasó desapercibido para los sectores reaccionarios del país, como las Fuerzas Armadas, el clero integralista y conservador, en momentos de efervescencia y conflictos sociales.
La enemistad granjeada con estos sectores poderosos le valió que ni bien asumida la junta militar genocida el 24 de marzo de 1976, sus emisiones radiales fueran prohibidas. Con intención de acallarlo de todas las maneras posibles, en varias ocasiones, sus misas habían sido abruptamente canceladas por la prepotencia de grupos de poder locales.
Mientras, el diario El Sol de La Rioja titulaba “Murió Angelelli en un accidente”, se instalaba la idea de un hecho de características fatales y no provocado. En 1983, al abrirse la causa judicial para investigar la muerte del obispo, el juez Aldo Morales estableció que se trato de un “homicidio fríamente premeditado”. En la década del 90, por efecto de las leyes de obediencia debida y punto final, se produjo la caída de la causa. Sin embargo, la anulación posterior de las mismas en 2005 durante el gobierno de Néstor Kirchner permitió su reapertura.
En 2010, Pinto y varios actores más se constituyeron en nuevos querellantes y solicitaron la imputación de 14 militares y policías, encabezados por el ex dictador genocida Jorge Rafael Videla, el entonces comandante del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y el interventor de La Rioja, coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia.
El 4 julio de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja consideró delitos de lesa humanidad el homicidio del obispo y el intento de asesinato del ex vicario Arturo Pinto, condenando a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella a prisión perpetua en cárcel común.