
Una de las facetas poco conocidas del Libertador fue su paso por la política como Gobernador de Cuyo. San Martin, estratega por excelencia, solicita su relevo del Ejército del Norte y su envío como Gobernador de Cuyo en 1814. El director Gervasio Posadas viendo una oportunidad única que permitiría alejar a San Martin de la competencia con su amado sobrino Carlos Maria de Alvear, decretó el 10 de agosto de 1814 la designación del Libertador como Gobernador de Cuyo. La flamante Gobernación de Cuyo había sido creada el año anterior por el Segundo Triunvirato, con capital en la ciudad de Mendoza y comprendía las actuales provincias Mendoza, San Juan y San Luis. A pesar de no contar con recursos suficientes que facilitaran un mandato decoroso, los anhelos de liberación de la patria eran más fuertes que las limitaciones que la realidad le imponía. San Martin mantenía viva la idea del plan de liberación continental, que luego llevaría a la práctica con éxito superlativo, catapultando su proeza del Cruce de los Andes, a la altura de genios militares como Anibal, Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte. La historiografía oficial, malintencionadamente, oculta el San Martin político, al estadista por antonomasia, capaz de lograr en tan solo dos años y medio, una infatigable y colosal obra de gobierno que sigue siendo digna de ser imitada en los tiempos que corren.
San Martín y el impuesto a la riqueza: Ante la inminencia de ataques de las tropas realistas procedentes de Chile, con milicias cuyanas de tan solo 900 hombres y una economía diezmada por la afectación del comercio con Chile que había quedado en manos enemigas, San Martín decide tomar cartas en el asunto implantando una “economía de guerra” para obtener recursos y reducir gastos superfluos. Es así como, ante la falta de fondos, decidió hacerse de los impuestos y gravámenes que se destinaban por entero a Buenos Aires, para aplicarlos a los gastos de los cuyanos. En el transcurso de un año como Gobernador, estableció una “contribución extraordinaria de guerra”, una especie de impuesto que recaía sobre los mas ricos, toda una innovación para la época, ya que era frecuente gravar las operaciones comerciales que luego se trasladaban a los precios, perjudicando especialmente a los pobres.
San Martín, el primer expropiador: También expropió las propiedades de los españoles prófugos y declaró de patrimonio público, los bienes de los españoles muertos sin testar.
San Martin, y la protección del mercado interno: Por la falta de recursos en el erario público, aplicó un impuesto por el valor de un peso por barril de vino y con dos pesos, los de aguardiente que se vendieran fuera del territorio, de esa manera ingresaban fondos de las demás provincias y se protegía el mercado interno cuyano. Fiel a sus convicciones, San Martin promovió la primera ley de protección al vino cuyano frente a los que provenían de otras latitudes, especialmente de Málaga, España.
Gobernar es crear trabajo: San Martin fundó, junto a Fray Luis Beltran, la metalurgia necesaria para fabricar las armas del ejército, montando fragua y talleres donde trabajaban 700 operarios. Creó fábricas de pólvora, telas y armas para abastecer a sus soldados. Los desocupados fueron rápidamente empleados en tareas de blanqueo de las casas y cuidado de la ciudad. El Libertador fue pionero en redactar la primera ley nacional protectora de los derechos del peón rural, obligando a los patrones a certificar por escrito el pago en tiempo y forma de su salario. Mejoró la infraestructura provincial creando canales, desagües, caminos y postas y mejoró las que había encontrado al momento de su asunción. Construyó el paseo de la Alameda, además de embellecer la ciudad de Mendoza. En relación con la producción agropecuaria, vendió tierras publicas no cultivadas para propiciar la colonización de pueblos. Organizó y reglamentó el servicio de correos, la policía provincial y el sistema carcelario.
Educación para todas y todos: En lo que respecta a la Educación del Pueblo cuyano, el Padre de la Patria fundó escuelas y bibliotecas, para él era prioritario contar con un Pueblo ilustrado para llevar adelante su Plan de liberación, y así lo expresaba en la circular dirigida a los preceptores de escuelas públicas firmada el 17 de octubre de 1815: “La educación forma el espíritu de hombres. La naturaleza misma, el genio, la índole ceden a la acción fuerte de este admirable resorte de la sociedad…Recuerde Ud. que esos tiernos renuevos dirigidos por mano maestra formarán algún día una nación culta, libre y gloriosa. El gobierno le impone el mayor esmero y vigilancia en inspirarles al patriotismo, y virtudes cívicas, haciéndoles entender en lo posible que ya no pertenecen al suelo de una colonia miserable.”
Seguridad: Perfeccionó la educación prohibiendo el castigo corporal a los niños e impuso orden en la sociedad cuyana, implementando «decuriones» encargados de mantener el orden en los barrios, reglamentando el juego y estableciendo medidas para combatir el delito, la «vagancia» y el lio en las pulperías: después de las 22 tenían que cerrar.
Precursor de la Salud Pública: Como todo estadista de fuste, su preocupación era la salud del Pueblo cuyano, por lo cual convirtió en masivo y democrático, el acceso a este derecho, construyendo un hospital más al que ya había. En fecha 17 de diciembre de 1814, cuando parecía cercano el avance de las tropas realistas procedentes de Chile, San Martin firmó un bando estableciendo la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela enfatizando que: “Uno de los primeros cuidados del gobierno debe ser el aumento de la población y conservación de los habitantes del Hemisferio Americano para que haya brazos suficientes al cultivo de la agricultura y ejercicio de las artes y comercio, al mismo tiempo que no falten quienes presenten sus pechos al tirano que intenta oprimir los sagrados derechos de nuestra civil libertad que con gloria sostenemos”. En el mismo bando también creaba una junta sanitaria integrada por médicos y ordenaba a los clérigos a actuar en calidad de enfermeros. El Padre de la Patria nos muestra cual es la actitud responsable y solidaria que debe asumirse en tiempos donde la enfermedad se cobra miles de vidas. En 1801, cuando la epidemia de fiebre amarilla asolaba Andalucía y devastaba a su población, San Martin participó activamente en las tareas sanitarias y humanitarias ayudando, sin importarle el alto riesgo de contagio, tan activa fue su participación que le valió su ascenso a segundo Capitán de la segunda compañía del propio batallón de Murcia.
Dirá el Gral Perón al concluir su discurso del 17 de agosto de 1948: “No debemos ir a buscar ejemplos ni imitaciones en ninguna parte, cuando tenemos en nuestra historia la página más pura que la humanidad ha producido hasta nuestros tiempos. No debemos buscar inspiraciones extrañas cuando el General San Martín, allá en los Andes, hace más de cien años, dejó escrita para todas las generaciones argentinas la gloria y la forma de alcanzarla.”




