“Hoy muchos argentinos se preguntan: ¿Qué hay que hacer? La respuesta es muy simple: corregir de alguna manera tamaños desatinos y volver nuevamente a empezar, imponiendo nuevas estructuras financieras y económicas, a fin de evitar que este proceso de descapitalización se siga pronunciando, levantar la economía popular y crear confianza mediante un procedimiento serio y efectivo que vuelva a organizar y defender a la economía argentina”, Juan D. Perón “La hora de los pueblos”.

El 20 de noviembre de 1845 el pueblo armado escribía una página heroica de la historia argentina, al enfrentar a la escuadra naval anglo-francesa en aquel recodo sobre el Río Paraná, en la zona de San Pedro. La resistencia comandada por Juan Manuel de Rosas, sembró las bases para la defensa de la soberanía y es recordada como “Día de la Soberanía Nacional” por la ley 20.770, de septiembre de 1974.

Las fuerzas invasoras tenían como objetivo, imponer la libre navegación del río Paraná y del Río de la Plata. La intervención anglo-francesa perseguía motivos económicos basados en una toma de posición frente al conflicto entre Argentina y la Banda Oriental, a favor de los orientales. La idea de fondo era independizar a la Banda Oriental, para junto a Corrientes, Entre Ríos y Misiones formar la “República de la Mesopotamia” y habilitar el río Paraná como “internacional” para su libre navegación. Esto posibilitaría la comercialización de sus mercancías en todo el tramo del Paraná hasta Paraguay y al mismo tiempo, hacerse de algodón barato para las hilanderías británicas, base de su revolución industrial.

La historia parece querer volver a repetirse y solo el peronismo puede lograr que eso no suceda. De aquí, la decisión trascendental que el pueblo argentino enfrentará en las próximas elecciones presidenciales. Dos modelos en disputas, uno de entrega, otro de protección de las riquezas nacionales y la soberanía del país que tiene como organizador de la representación popular al peronismo.  

Hoy día las exportaciones argentinas, en su mayor parte agrícolas y mineras, caracterizadas por los grandes volúmenes de carga que se transportan vía marítima al mundo, requieren de la disponibilidad de una vía navegable que les de salida a ultramar. De allí que la Hidrovía Paraná – Paraguay y su salida al Río de la Plata, sea una cuestión de soberanía dada la importancia del comercio exterior de nuestras comodities y el control que el Estado debe ejercer para garantizar la independencia económica, la justicia social y la soberanía política.

5000 buques cargueros anules transportan el 75% de nuestras exportaciones a través de la Hidrovía Paraná-Paraguay. Una de las cuestiones estratégicas está planteada en base a una “alternativa de hierro” de como transitar el último tramo de la Hidrovía en la zona del Rio de la Plata, si se lo hace por el canal Punta Indio, que en su tramo extremo se recuesta sobre la costa uruguaya o por el Canal Magdalena, que a partir del punto denominado El Codillo, se reclina sobre la costa bonaerense, favoreciendo sobre todo al Puerto La Plata, representado un claro beneficio para el desarrollo económico de nuestro país. Además de facilitar la salida de nuestras exportaciones, evitando la demora y los costos de atravesar el puerto de Montevideo.

Resulta estratégico para Argentina recuperar el control del tráfico del Río Paraná, y completar las obras del Canal Magdalena. Obras de importancia superlativa que facilitarían el control estatal sobre esa vía navegable, evitando las maniobras de contrabando, subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones que realizan las grandes empresas de capital concentrado, comprimiendo aún más, el histórico estrangulamiento externo de la economía nacional.

Cada divisa que se pierde en manos de las maniobras del capital concentrado, son oportunidades perdidas en el camino del desarrollo con justicia social. Por ello hoy, como hace 177 años, los mismos intereses contrapuestos se encuentran en disputa en torno a la navegabilidad de la cuenca del plata. Los objetivos del capital concentrado nacional e internacional para con la Hidrovia, están en las antípodas y socaban el ejercicio pleno de la soberanía económica y la independencia política, condiciones necesarias para tener una patria más libre, justa y soberana.  

Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”, General Lucio N. Mansilla.

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