El 30 de marzo de 1982 se inscribe en la historia como una página de gloria para el movimiento obrero organizado, la CGT Brasil liderada por el dirigente cervecero Saul Ubaldini asestaba un duro golpe al gobierno de facto en manos de Galtieri, que significaría el preludio de los acontecimientos que posibilitaron la vuelta del país a la democracia.

Bajo las consignas “Pan, Paz y Trabajo” y “Luche y se van” se organiza una marcha encabezada por el querido Cro. Saúl Ubaldini que luego tendrá repercusión en todo el país y se convertirá en una jornada heroica del movimiento obrero organizado contra el régimen genocida.

La CGT estaba partida en dos tendencias: la CGT Azopardo (ex Comisión de Gestión y Trabajo), liderada por Jorge Triaca y la CGT Brasil (ex Comisión de los 25 gremios peronistas) que encabezaba Saúl Ubaldini seguido por Roberto Digón (Tabaco), Ricardo Pérez (Camioneros), Roberto García (Taxistas) y Osvaldo Borda (Caucho), entre otros, de perfil anti-dialoguista, confrontativa y refractaria a toda concertación con los enemigos del Pueblo.

Tan solo tres años atrás, los dirigentes sindicales de la “Comisión de los 25 gremios peronistas” habían sido detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional por haberle realizado el primer paro general al dictador Jorge Rafael Videla.

El proceso de muerte, hambre y entrega iniciado por la dictadura genocida el 24 de marzo de 1976 avanzaba de manera pertinaz con la aplicación de la “tablita” cambiaria de Martinez de Hoz, como ahora lo hacen sus herederos políticos, la dupla Milei-Caputo y su esquema de “crawling peg” cambiario, con sesgo electoralista.

El 22 de diciembre de 1981 había asumido como presidente de facto el gral. Leopoldo F. Galtieri, y según lo previsto, la cartera de economía sería para un hombre del establishment, Roberto T. Alemann, quien luego ratificaría la continuidad de la política económica de su antecesor, José A. Martinez de Hoz.

“Si hay dos o tres personas en el mundo de los negocios de la Argentina con excelentes vínculos con los Estados Unidos, una de ellas es Roberto Alemann”, expresaban las editoriales del “gran diario argentino” en aquel entonces.

La dictadura genocida dejaba tras su paso, alta inflación, industricidio, congelamiento de los salarios, desempleo creciente, aumento sideral de las tarifas públicas y una descomunal deuda externa, todo ese combo letal al calor de una política económica de valorización financiera que atizaba el descontento social jornada tras jornada.

Este descontento social desembocaría de manera natural en la convocatoria al paro nacional con movilización de la CGT Brasil del Cro. Ubaldini, que supo nuclear a más de 50.000 jóvenes y trabajadores que se lanzaron a las calles y coparon la Plaza de Mayo, convirtiendo ese día en una verdadera huelga política de masas, frente a un férreo dispositivo de seguridad que consistía en cercar la Plaza de Mayo y cortar el puente Pueyrredón con carros de asalto y fuerte cordón policial.

Los trabajadores se organizaron y encolumnaron detrás de sus dirigentes en Avenida de Mayo y 9 de Julio, al grito de “Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar” y “El Pueblo unido jamás será vencido”, mientras pugnaban por llegar a la Casa Rosada con la intención de entregar un documento a las autoridades de facto.
Durante seis horas el centro porteño fue escenario y testigo de enfrentamientos entre los trabajadores y la policía, sin embargo el interior del país también era  protagonista, en Mendoza, la represión terminó con la vida de un trabajador y sindicalista textil, José Benedicto Ortiz; en Rosario, 2.000 trabajadores recorrieron el centro de la ciudad con consignas contra la dictadura; en Mar del Plata y San Miguel de Tucumán detuvieron a 200 personas por repudiar la dictadura; en Córdoba, el Tercer Cuerpo de Ejército patrulló las calles con columnas de hasta siete vehículos militares por temor a la movilización de los trabajadores.

En esos días se calculó que hubo cerca de 2500 heridos y unos cuatro mil detenidos, entre ellos se encontraban el secretario General de la CGT Brasil, Saúl Ubaldini, y cinco integrantes de la Comisión directiva; el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y un grupo de Madres de Plaza de Mayo.

Dignos de admiración estos dirigentes, quienes, a pesar de las continuas amenazas contra su libertad y su vida, despojados de ataduras y llevados en andas por las masas obreras daban una muestra de coraje pocas veces vista, o solo comparable con la voluntad inclaudicable de aquellos mártires como Felipe Vallese, Amado Olmos, Atilio Lopez, Oscar Smith, Jorge Di Pascuale, entre otros, que habían regado con su sangre la defensa de los derechos de Pueblo trabajador.

Descubre más desde PJ | LA MATANZA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo