Hoy se conmemora el mayor crimen terrorista de la historia argentina, el bombardeo aéreo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, provocado por una facción de las fuerzas armadas opositoras al Gral. Perón.

La desavenencia entre el gobierno del Gral Perón y la jerarquía eclesiástica fue el caldo de cultivo. La obra del Gral Perón como benefactor de los trabajadores enardecía los ánimos de las fuerzas de la antipatria, por eso, en la celebración del Corpus Christi del 10 de junio, se arrancaron dos placas de bronce y apagaron la llama de la lámpara votiva que se encontraba en la fachada del Congreso en homenaje a Evita, arriaron la bandera nacional e izaron en su reemplazo la enseña amarilla y blanca del Vaticano; por la noche y en represalia, otros grupos de manifestantes produjeron ataques a 10 iglesias del centro de la ciudad, hechos que atizaron aún más el conflicto.

Como respuesta a la afrenta inferida al pabellón nacional, el Gobierno organizó un acto de desagravio para el 16 de junio, disponiendo que una formación de aviones “Gloster Meteor” sobrevolara la Catedral de Buenos Aires, a modo de reparación a la memoria del Gral. San Martín y, a la vez, testimoniara la adhesión y lealtad de las Fuerzas Armadas al presidente de la República.

La gran atracción de ese jueves frío se tornaría en un ataque terrorista por la decisión de altos mandos de la marina y el ejército, el contraalmirante Toranzo Calderón y el general Bengoa. El plan era aprovechar la ocasión para asesinar a Perón sin importar las víctimas inocentes que provocarían y que el hecho sirviera como escarmiento para toda la población, transformando aquel hecho terrorista, en el único caso en todo el mundo de una ciudad bombardeada por sus propias fuerzas armadas.

Alertado por fuentes militares, Perón se trasladó a su despacho en el Ministerio de Guerra, cruzando la avenida Paseo Colón, donde fue testigo del paso de los aviones de la aviación Naval. Las incursiones aéreas de los cazas Gloster Meteor que llevaban en sus colas una “V” y una cruz a modo de “Cristo Vence” fueron sucesivas a lo largo de eternas cinco horas. Sobre la Casa Rosada cayeron en total 29 bombas, otra bomba hizo impacto en un trolebús repleto de pasajeros, en otra incursión aérea un piloto arrojó 800 litros de combustible de un tanque auxiliar sobre la Casa de Gobierno.

La CGT convocó a las organizaciones sindicales a movilizarse a Plaza de Mayo, Perón pidió encarecidamente que no movilizaran para evitar que corriera más sangre, sin embargo, entrada la tarde, columnas de trabajadores se congregaron para defender al gobierno y vengar a sus compañeros masacrados. Una nueva oleada de ataques aéreos descargó, nueve toneladas y media de explosivos sobre la multitud, dejando un tendal de nuevas víctimas y destrozos en la zona.

Las bombas del enemigo del Pueblo en Plaza de Mayo, han mutado en métodos más sofisticados y no tan explícitos, pero que generan tanto o más daño que los atentados sobre la población civil de otrora: la eliminación de la entrega de medicamentos gratuitos a jubilados y pensionados, los recortes en programas y asistencia a discapacitados, la falta de medicamentos destinados a enfermos oncológicos, la eliminación de la provisión de alimentos a comedores comunitarios, sumado, a la política de ajuste e industricidio del gobierno vendepatria y cipayo de Javier Milei,  empujan a  millones de familias a la desesperación de no saber cómo sobrellevar sus vidas con un mínimo de dignidad y decoro.

Las 355 víctimas masacradas en esa jornada, más los 600 heridos de distinta consideración, aún claman por Justicia y nos advierten que, amén de los años, la antipatria no renunciará jamás a volver a colocarse en papel de verdugo de las aspiraciones del Pueblo.

«Lo más indignante es que hayan tirado a mansalva contra el pueblo (…) Es indudable que pasarán los tiempos, pero la Historia no perdonará jamás semejante sacrilegio (…) Los que tiraron contra el pueblo no son ni han sido jamás soldados argentinos, porque los soldados argentinos no son traidores ni cobardes y los que tiraron contra el pueblo son traidores y cobardes”, Juan D. Perón.

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